jueves, 8 de agosto de 2013

Algunos Poemas (1979-1991) / Juan Manuel Alfaro


Juan Manuel Alfaro, Foto de El Diario


El cielo firme

Cuando la voz toca la luz
y encontramos en el polvo
nuestro propio hueso
todavía dispuesto
para las cosas de la tierra.
Cuando es ave casi
el reflejo de la palabra
y estamos resueltos
a pisar toda la oscuridad
para llegar al cielo firme.
Cuando intuimos
que repetir la lumbre
no aplacará las sombras
hechas para preservar el corazón
en su frescura.
Cuando abandonamos la cacería de la eternidad
y somos día,
hora,
instante de hombre,
puede que estemos cercanos a la poesía.
Puede que alcemos un pájaro hacia Dios
y tenga respuesta.


La canción

"Todo hombre necesita
una canción intraducible."

Roberto Juarroz

Durante años
he tratado de recobrar
fragmentos,
esquirlas,
de algo que cantaba mi padre.
Algo usual, mínimo, templado.
Y aunque, a veces, se anuncia en mí,
disuelta como un silbo,
me doy cuenta que esa canción
ya no está en el mundo.


Tantas veces el este

Tantas veces el este,
la rama, 
el nombre de las cosas.
Tantas veces apagado hacia el cielo,
los brazos hundidos,
apocada la canción.
Tanto,
para sentarme
al fin,
aquí,
a esperar el trabajo

de tus ojos carpinteros.

El trino decisivo

He oído,
piedras arriba de mí,
el trino decisivo.
Como si el hueso
se cayera en pájaros
y el árbol se partiera en aires,
el niño que engalanaba mi corazón
ha vuelto con su flauta.
Siento que su voz
es buena
para el mundo de los hombres
y la derramo
como un agua de alegrías.
Me voy de libertades por los ojos.
Subo mi corazón niño por niño
y recojo, sustancia de dioses, los fuegos,
ayes del relámpago,
para entender que armar la estrella
es mi oficio humano.



en El cielo firme (1985) 1ª edición, Fe ediciones. Paraná:1985




Linar

Este linar es un presentimiento,
no es el linar aquel que florecía
al simple roce del cielo que traía
como una fuente fugitiva el viento.

Este linar es sólo el instrumento
de un azul más profundo que querría
llegar a mí, volcarse por el día.
Lo siento aquí, lo siento azul, lo siento.

Me llena el alma su paisaje puro,
y lo poco de mí que andaba oscuro
se hermana con la luz y se alza en vuelo.

Voy por el aire en ala florecida
y encuentro tanto azul dándome vida
que no sé si es linar o si ya es cielo.


Paulina

Paulina no me deja escribir,
no hay caso.
Viene con los zapatos grandes del hermano
y justo cuando palpo una palabra,
su pelusita azul entre mis dedos,
zas !
chisporrotea,
le da por hacer pis
y sube la pelela al arco iris,
o desgrana maíz
para los gallitos de todas las veletas,
o corre por la página
y hace volar las mariposas amarillas
que me han costado todo el día,
o me saca el corazón
y lo hace girar en la punta de sus dedos
como una pelota de colores.
Qué Paulina ésta.
Qué gusto de amor.
-Dejá esos fósforos.
  No rompás ese libro, que es prestado.
  No te saqués las medias, que hace frío.
(Quién colgó este pañal en la poesía?)
Qué oro de volar,
qué dicha de agua,
de tarde pueblerina,
de campos,
huerta pura,
manzanas en la cesta,
sombra de paraísos,
gorriones,
corderitos,
tiene tu nombre de trébol con rocío.
Paulina de mis ojos.
Dibujito animado de mi magia más limpia.

Pero, ven, trepa a mi rodilla,
no me dejes escribir.
Galopa duende,
gnomito,
hagamos pajaritas de papel
con los poemas.

Apilemos los libros
y subamos sobre ellos a contemplar el sol,
que un día será tarde para todas estas cosas
y volarán los pájaros entre tu corazón y el mío.

Ven, toma mi corazón, esta pelota de colores,
y vamos a jugar. Este año es un domingo.

en La piedra azul (1991) Ediciones Comarca. 1ª edición. Paraná:1991




resultado

Yo vengo de una casa que huele a pan silvestre,
que huele a patio limpio.
Yo traigo de la estrella, la mirada más cerca
y una calle terminada en grillos.
Traigo de la rama, la ubicación del nido
y soy de todo el campo el espacio del rocío...
apuntalado al alma, mi mapa de adivino
por el que anduve mares
de trompos sin abrigos;
porque antes de la tierra mi corazón fue niño
y antes de aprender al agua
aprendí que el cielo era un ojo distraído,
que el pan nace en fuego
pero muere de frío...
Yo traigo en la botella mi barco
y en el bolsillo,
mi risa de payaso llorando su flor de paraíso,
porque al final de cuentas, hace muchos paisajes,
yo fui todos los niños.
Tuve un barco en las afueras del corazón
y el amor fue vulgar como cualquier cigarrillo
y un tren abandonado quedó de todo el vino...
Entonces, yo tenía boleto de ida y vuelta
en el sol de los pinos.
Entonces,
cuando el viento todavía no era olvido.
Ahora, el pliego azul
se borró de mi mapa de adivino,
la luna ya no vale la pena
en la moneda del mendigo.
... El amor era dulce, pero hace muchos niños...
El viento me dejó a solas con el agua
y mi risa de payaso
llora conmigo.


luz entre las hierbas

... y hubo de atardecer, entonces,
cuando la casa y el sueño tenían
una cortina serena
y era una felicidad la humilde cara
vuelta hacia el poniente.
El cielo, apenas terco de azul
y una fe de lino escondiendo
la angustia encantada.
En el pecho, nada más que una música,
o el paisaje de una música que hablaba
con el consentimiento del agua y de la tierra:
los dos hermanos de leche de aquellas manos
que también fueron el absoluto
de esa edad amable, doblada ahora
como un rezo por las corolas
que no exigieron el mundo.
Porque de ser simples y limpiamente solos,
mis padres, se quedaron allá,
en un terraplén en huída,
donde los tajamanes florecían de ser verdad,
donde el aire le sacaba la lengua
a la fidelidad de los cardos,
donde el misterio era recordado
de tanto en tanto por un arco iris,
donde las lluvias
suplantaban la palabra infinito
y el silencio era una belleza de siempre...
Y hubo de atardecer, entonces, allá,
junto a las parvas
que custodiaban la promesa,
en el corazón sin tumulto de los caballos,
en la duermevela de los ojos de los perros,
en el molino encallado
como un niño obediente,
en la cintura de la Luisa...
Y hubo de atardecer, entonces, allá
donde cada sueño
era un juramento de tristeza agradable.

allí se hizo el maíz

Allá se hizo el maíz una mañana,
todos corrieron a rodear el día
y los despertó el alma.
Venían del agua las manos,
cierto cielo había, de tanta tierra cierta
y un tajamar de rosas
tuvo el viento
sobre la espina de aire
de las polvaredas.

Las calles callaban las distancias,
la sombra era un reloj
junto a la puerta;
se me caía de niño la sorpresa
y andaba balbuceando a nube sola
el mundo árbol, la mamá hierba...
Allá se hizo el maíz.
Por el lomo del pan iban los años
cortándole camino a la tristeza,
los ojos miraban el poniente,
porque allí termina último la tierra.

... Nos besaron las hojas hacia abajo
y el cielo era de azul a manos sueltas,
cuando una tarde encontramos a la casa
mirando el sol
y con la boca abierta.

explicación de la ausencia
                                                 (a mi madre)

No creas que me fui de tus manteles,
yo sólo fui a traer la leña para mayo.
Anduve repartiéndole arena a las orillas
de todos los arroyos de mi boca en el árbol.

No pienses que olvidé tu voz en las cortinas,
ni tus ojos saliendo a andar en cada pájaro.
Yo sólo fui a la lluvia con los zapatos viejos
para ver si algo mío necesitaba el barro.

Ahora que hay ventanas a lo largo del rostro,
que ya no está la tarde de paso, entre las manos,
quisiera que cubrieras de árboles mi frente,
que dibujara un pueblo, tu beso en mis hermanos.

Ahora que la calle tiene piel de malvones
y la pared no exige ya cal a su cansancio,
quisiera darte el nuevo domingo de mis cosas
y mi canción que cree en el gorrión y el álamo.

No tiré por la espalda mi mapa y mis relojes,
yo sólo fui a traer la leña para mayo.

en Cauce (1979) Ediciones Comarca. 1ª edición. Paraná:1979


Las fotos son de Nicolás Ardanaz 
Navarra (1910-1982)


2 comentarios:

  1. ¡Ay! Dios mío! ¡cómo escribe este hombre! ¡por favor!

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  2. Ya leí los sonetos ¡ son un sueño!

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