sábado, 8 de junio de 2013

En "El agua y la noche (1924-1932) / Juan L. Ortiz

en El agua y la noche (1924-1932) Editorial de Entre Ríos. Colección Homenajes. Paraná, 1993.


Mi voz es opaca y sin brillo y vale poca cosa
para reforzar un coro. Sin embargo me sirve muy
bien para rezar yo solo bajo el cielo azul.-
                                                           León Felipe

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Mirado anochecer

Tras la lejanía de las quintas ya obscuras
el sol es ahora sólo un recuerdo rosado.

Dos vacas melancólicas parece que viniesen
del ocaso con toda su morosa nostalgia.

Y por oriente otras, blancas, con recentales
en la luz ideal que casi las azula.

Balidos. Las chicharras cantan. – Aunque tú eres,
me hubiera yo quedado un rato más aquí.
                                                                       (1924)

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 Señor….
He sido, tal vez, una rama de árbol,
una sombra de pájaro,
el reflejo de un río…

Señor
esta mañana tengo
los párpados frescos como hojas,
las pupilas tan limpias como de agua,
un cristal en la voz como de pájaro,
la piel toda mojada de rocío,
y en las venas,
en vez de sangre,
una dulce corriente vegetal.

Señor,
esta mañana tengo
los párpados iguales que hojas nuevas,
y temblorosa de oros,
abierta y pura como el cielo el alma.
  
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("Ideas...a mí", Silvia Lissa)
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Entre Ríos

Es tan clara tu luz como una inocencia
toda temblorosa y azul.
Tu cielo está limpio de humo de chimeneas
curvado en una alta
paz de agua suspensa.
Y tus ciudades blancas, modestas, casi tímidas,
ríen su aseo rutilante entre las arboledas.
No hay en tu tierra gracias sorprendentes de líneas,
-apenas si una suave melodía de curvas-
pero tiene ella un
encanto de mujer, de sencilla, de agreste
belleza,
vestida de un silencio verde y feliz de campo,
toda húmeda de una alegría de arroyos,
con una cabellera densa de árboles libres.

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Siesta

Tendido a la sombra de
un árbol, yo soy un niño
dormido en medio del campo.
La tierra parece que
tiene suavidad de falda.
El cielo puro de agua
da con su vaga corriente
unas espumas de nubes
y sobre el cielo, el follaje
un traslúcido bordado
hace y deshace, indeciso,
reduciendo el lujo etéreo
a un temblor de monedas
que me enriquecen la sombra.
El viento entra en el sueño
como una música que
trae el anhelo del campo,
ya extático o vagabundo,
soñando con sus secretos,
o tendido al horizonte.
El viento dice el ensueño
de esta paz verde y fluída
bajo su respiración.
Tendido a la sombra de
un árbol, yo soy un niño
dormido en medio del campo.
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Pesada luz

Mi hijo se duerme aquí,
a mi lado, sobre el pasto.
Y entró en el sueño entre un
lujo agreste de juguetes:
la danza de los reflejos
encendiendo y apagando
un temblor de pececillos
en el agua azul del cielo
de donde surte un ruido
fino y roto de alegría
destrozada no sé dónde…
quizá en su misma pureza.

Entró en el sueño mi hijo
entre una magia de flores
que los suspiros de los
ángeles hacen temblar
y llevan de un lado a otro
como en deshojamiento
de la gran rosa del día
dormida sobre los campos…

Entró en el sueño mi hijo
jugando con unos frescos
animalillos que le
buscaban las manecitas,
y unos dedos vagos que
le acariciaban la cara
con una suavidad tanta
que parecían morirse
al tocarle las mejillas.

Entró en el sueño mi hijo
mirando el denso follaje,
oyendo cantar los pájaros,
rodeado de mariposas,
acariciados por los
tallos altos y sutiles,
con una brisa ya medio
dormida sobre los párpados.


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Dios se desnuda en la lluvia...

Dios se desnuda en la lluvia
como una caricia
innumerable.
Cantan los pájaros entre la lluvia.
Las plantas bailan de alegría mojada.

La tierra
como una hembra
se disuelve en los dedos penetrantes
con una palidez de mil ojos desmayados.

Camino bajo la lluvia, todo mojado, cantando,
hacia mirajes que huyen en un rumoroso sueño.

Lluvia, lluvia!
Desnudez del dios
primaveral,
que baja danzando, danzando,
a fecundar la amada
toda abierta de espera, quebrada ya de ardor
amarillo y largo.


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Tarde

 El mundo es un pensamiento
realizado de la luz.
Un pensamiento dichoso.
De la beatitud, el mundo
ha brotado. Ha salido
del éxtasis, de la dicha,
llenos de si, esta tarde,
infinita, infinita,
con árboles y con pájaros
de infancia ¿de qué infancia?
¿de qué sueño de infancia?


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Lluvia

Todo el día mi alma hoy estará suspensa
de la voz del agua,
como en un sueño
mojado.

La voz del agua
dulcemente cierra el mundo!
¡La voz del agua!

Todo el día seré un niño
que se está durmiendo.

La vida será sólo
una voz querida.

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