sábado, 5 de octubre de 2013

Cartas y poemas - Alfredo Veiravé

Estas "Cartas y poemas" pertenecen al último libro de Alfredo Veiravé: Laboratorio Central de 1991. En este mismo blog se haya el link para descargar su versión completa.
Componen el Libro II del poemario de Veiravé.

Las cartas de relación de Hernán Cortés

Yo mandé mis hombres a mirar las montañas lejanas
       acompañados por nativos del lugar, pisando piedras incandescentes
       pasando por encima de las hierbas mágicas
tratando de dar objetividad a los humos que salían de las
       puntas de sus colinas altas como senos de mujer.
Quería dar una relación exacta de lo que estaba lejos.
Quería ser testigo fiel ante los Reyes y Gobernadores
       de lo que mis ojos (o los ojos de otros cronistas) veían
       en este continente, quería en el fondo, modificar las ilusiones
       de los ensueños colectivos y acercarme a una zona
       que era más científica que las meras suposiciones de los volcanes.
En el fondo mandaba que el discurso estuviera libre de toda torpeza
imaginaria, sabiendo que el progreso es una forma del poder.
De la misma manera observaba (trataba) a las mujeres de piel
       de color canario de la costa, colocándolas bajo la luz del haz de reflexiones
pero en ambos casos fracasaba porque jamás pude entender cómo
esas montañas exhalaban humo o cuál era el límite que cerraba
       a los cuerpos de las mestizas
       cuando ellas se abrían bajo el sol de la meseta mexicana.
Desde entonces vago por estas tierras
como una sombra del Infierno
       y no puedo regresar a sus orillas porque al quemar las naves
pasé del reposo a una inquietud desolada.

______________


La "región" en una cartografía antigua.

______________


Carta inconclusa a Juan L. Ortiz bajo la noche de Gualeguay

Ahora estás bajo la noche de nuestro pueblo—estrella de la
       luz de la noche, y está bien que así sea, Juan, porque
       ese fue tu mayor deseo durante tu larga vida.
Ahora estás bajo la tierra de Gualeguay que es liviana para tus
       anhelos de danzarín del alba, el parque y el río,
escala alada que no tiene nombre sino simplemente
                                        algunas repeticiones
                                    como la flor del aromito
                                   como el grito del chingolo
                                como el darse la mano de dos hombres sociales
                               como el hilo de las enredaderas
                           como el campo de La Carmencita,
como aquellas palmeras donde anidaban para ti los pájaros ruidosos al caer la                                                                                                                                                                                                [tarde.
Toda una red de sensaciones de percepciones de motivos
       aéreos, que dejaste para la perfección de otros
       genes animales donde soñarán en el sueño
       hasta reconocerse
       la delicada sombra de una perfección
       humana, el sabio conocimiento de la
       vida.
A veces sientes, me dices, las tropillas del viento por las cuchillas
       de Victoria, las verdes quintas de Gualeguay,
       el murmullo del agua que rompe toda su red melódica
       en un sauce; el grito de las ranas en el costado de los ranchitos.
Pero he aquí que advierto que ahora lo estoy tuteando
       como usted me pedía siempre y en verdad jamás pude saltar ese
       puente de los pronombres, ¿sabe por qué? Porque desde mi adolescencia
       sentí a su lado que estaba en presencia de la poesía misma,
       sagrada, mistérica, tan profunda que se nos hacía
       casi insoportable en los vértigos de las profundidades,
que usted, usted abría con su mano huesuda moviéndose en el aire
       de Paraná, frente al Parque Urquiza,
       que a veces recorríamos y donde usted me hacía sentir
       o escuchar o percibir aquella "brisa del otoño" que
       en pleno verano se había refugiado entre la fresca
       sombra de los árboles, según el movimiento de las hojas.
¿Cree Juan que yo percibí su muerte cuando usted murió?
                            aunque estaba en esos minutos
                                  últimos, muy lejos, casi en
                                             otro continente.
¿Y creerá que esa misma noche de septiembre algunos amigos
       me vieron salir de su casa de Paraná?
       ¿Y que, finalmente, Gerarda fue a ocupar la misma casa donde
       yo nací, frente al viejo correo de Gualeguay, y donde ella
       había colocado su cabeza flotante de yeso?
Por supuesto que no solamente creerá estos milagros del azar
       o de la mente, sino que los explicaría orientalmente,
       como lo hace un maestro zen
       con el silencio.
Pero volvamos a esta noche bajo la cual usted
       duerme el sueño de los justos, de los bienaventurados.
Una noche sobre la cual mañana caerá la luz rosada del amanecer
       "cuando el cielo palidece y se franja"
       y sus gatos y su perro Prestes y sus jacarandaes despierten
       cuando los toque con sus dedos finos y comiencen otra vez
       a hablarnos desde las corrientes de las profundidades
       en esta conversación interminable,
       en el "aura" de nuestro paisaje.

"Aura" como usted la llamaba y que era un resplandor,
       un tipo de conocimiento sobrenatural
       en dos espacios al mismo tiempo, uno que provenía aparentemente, de lo real,
       y otro del alma que se desplaza en sueños
       o en vigilias trascendentes como las suyas.

Ahora comprendo Juan que aquella aparente manía de su letra liliputiense
       no era sino la leve pisada de un insecto mágico
       que deslizaba ideogramas, interrogaciones,
       aptos para un idioma del susurro o ese cantito que usted
       murmuraba entre nosotros,
       antes de abrirse
       hacia el mundo.

 ______________

Carta al poeta Alejandro Nicotra antes de salir de viaje para México

Tu desnuda Musa, en Villa Dolores,
claridad errante que se desviste sobre los poemas no escritos
te "dictó" estos bellos que acabo de recibir; los respondo
       con un soplo de estas operaciones del viaje
       que ahora emprendo / volaré en trance cuando
       me leas
sobre un piso de Jumbo encima de las cordilleras
andinas de América, bajo el volcán de Cuernavaca
donde se emborrachaba el Cónsul de Lowry, sobre la bella
catedral de Tepozotlán, Colima cerca del mar si miras el mapa/
y preguntarás una vez más ¿por qué la poesía quiere salirse de madre
       cuando es el sol sobre las piedras pintadas y redondas
       de tu pequeño río cordobés, donde nos bañamos una vez, y conversamos
para unas eternas (dóciles) reverberaciones
si son las únicas que valen "cuando se apaga el grito del mundo"?
No lo sé, solamente siento el esqueleto lleno de murmullos
en los espartillos de la República y la cabeza llena de ruidos
       del mundo, aunque siempre son ellos los que me llaman.
Viajar hacia adentro como haces tú, o viajar hacia afuera /
los "estables" y los "errantes" del siglo XVII de Paul Hazard?
       corriendo por los aeropuertos son una encrucijada
del universo que nos pide más vida en la muerte del aire novedoso,
       en los océanos terrestres de una Comala
       verde de otra
       Comala muerta con voces que hablan entre los
terrones del duelo y
la locura de Susana San Juan: un huevo de perdiz
que se abre bajo los papalotes de donde sale la madre de cada uno
de nosotros, acompañándonos
con sus navegaciones mortuorias
       queriendo saber al fin quiénes somos de lo que ella engendró alguna vez,
en la hora en que los sueños se vuelven verdaderos
como tus citas de Seferis;
en la hora de despedirnos de los poemas, a la hora de cerrar los libros
       que quedan sobre mi escritorio.
Quedar entre las sombras esperando que salgan los sueños de la casa:
       unos corriendo con la angustia de la velocidad / otros
vestidos con lujosas máscaras ceremoniales
y palabras nunca dichas / algunas, femeninas, hijas de la Realidad
con la boca entreabierta apenas, murmurando, murmurando un adiós
       al abrir la puerta.

Cuando uno viaja ¿quién habla en el poema? ¿El que se va o el que vendrá?
Ulyses atrapado por Circe haciendo el amor debajo de un león
parado en cuatro patas sobre ellos. ¿El recuerdo de Itaca?
Ahora ha vuelto el calor al Chaco lo cual no afecta mi presión
arterial bastante controlada, he dejado casi de fumar
y te escribo urgentemente antes de salir
       de viaje
mientras tú enciendes serenamente
       tu pipa. Y reflexionas
en lo profundo o intocado del verso.

______________

Carta a Rafael e El príncipe de la fiesta

1
¿De qué podríamos escribirnos nosotros sino es de la
       poesía? Por eso te envío esta epístola a los Pisones
       que permanecerá en tu archivo para siempre
       entre los agapantos tuyos y los
            filodendros míos.
Quería decirte que sigo creyendo que el lector      
       debe participar activamente en esa fiesta y que el
                                                           humor
       es una vía menor pero eficaz para que
       el poema les haga cosquillas en el
       vientre como un hijo de la
       fiesta carnavalesca
           de la Edad Media.


En realidad yo, que oscilo entre un texto testimonial
       y una frase extratextualizada y que considero
       a las convenciones
       como una ruptura o plagio
           del discurso social,
me veo empujado a cada rato por algunas brujas
malignas
       y otras benéficas
que me indican otro camino: he bebido de la
                                                  mandrágora
       del prosaísmo y metodológicamente
       sobrellevo esta pregunta de un poeta:
       "¿Método, método, qué pretendes tú de mí si sabes
          que he comido del fruto del inconsciente?"
Si nuestro tiempo (escaso cada vez más a medida que
       uno se interna en la línea de sombra del sexagenario)
es una dicotomía entre fondo/forma
       debo inventar antes de llegar a la exasperación del
signo,
un género de escrituras con capacidad de transformaciones
                                                          oblicuas
                                                             bizcas
                                                  antinormativas.



2
La índole oceánica de la metáfora y sus olas
       rompen sobre el muelle y salpican a los turistas
       que pasean bajo grandes sombrillas amarillas
       en la rambla, pero yo prefiero
       el día de sol de funciones cosmológicas
       los versos conversados, las insólitas asociaciones,
       el Arca de Noé con toda clase de animales
       los mecanismos de hoteles que contenían al pobre
                                              Vallejo en París.
       ¿Y la angustia? ¿Y los Fenómenos de la tierra
                                                            oculta?

Morir de risa es una versión de la muerte festiva.
                                          En esas fuentes,
       creo, está una de las respuestas,
       la palabra cazada al vuelo.
Y ahora el mudo está feliz porque ha recobrado la
palabra,
el esclavo de la Reyna se ha dormido en
                                           la alcoba imperial,
el abuelo ha rejuvenecido con su nieta,
las reglas del juego han cambiado
y ahora los peones se comen a los alfiles
       derriban a la Torre abolida de soldados
       y el tablero de ajedrez vuela por los campos
           de Gualeguay.

Y este texto ajeno: como demostración de lo expuesto
anteriormente
podríamos asegurar que en poesía nadie sabe para
quién escribe.
Como diría Nicanor, fatalmente, en poesía se permite
todo.
       Si tuviera que agregar una posdata diría
       que tu último poema me pareció muy hermoso
       doloroso, oloroso, quemante,
           fulgurante,
aunque puedes dar vuelta estos adjetivos verdaderos
como el guante negro de la amada de López Velarde.

 ______________

Carta a Álvaro Mutis bajo el cielo de México

"Los emisarios que tocan a tu puerta,
tú mismo los llamaste y no lo sabes."
Al-Mutamar-Ibn Al Farsi

Ocurre Álvaro que estoy preparando mi nuevo libro
de poemas      
y "extraviado", como le decían en Gualeguay a un
loco que corría
       los carros fúnebres hacia el cementerio, casi al galope
       lento de unos caballos negros lujosamente ataviados
       con el sudor de sus grandes (y femeninas) ancas
           como si la muerte fuera una fiesta de toros /
he vuelto a tu último libro que me diste en México D.F.
       dedicado con tu letra temblorosa de sentimientos
firmes
       como rocas extraídas del viejo Popocatepetl,
       por curiosidad interesada del sufismo que
       citas y por el dibujo que tienen tus respiraciones
           colombianas de Gaviero admirable y loco.

Me atrapa cada vez que lo oigo hablar de sus Tierras Calientes
       o de los cafetales a la orilla del río o el desfile de
       sus mujeres "de muslos morenos y recios, de nalgas
       rotundas y firmes
       y de vientres (lisos agregaría) como pechos de paloma"
pero más que eso, de sus aventuras en un tren de la locura
       que todos hubiéramos querido vivir y que, en
       verdad, podemos vivir con la imaginación
       en este mundo cuando sentimos
       en tu energía devoradora que
           "¡se nos va la vida / se nos va la vida!"
como nos decías en Cuernavaca cuando anunciabas
que habíase
decretado "estado de piyama", sentencia dictada al pie
de
la alberca o piscina que aquí extendemos
exageradamente llamándola
"pileta de natación"
donde te leí por vez primera los poemas de Juan L.
(Ortiz)
y juntos, soñamos unos ojos llenos de lágrimas en una
       emoción compartida; porque la poesía cuando toca
       fondo es eso, sentimiento y como decía Juan
       "suele ser la conciencia de la felicidad
           perdida"


Tú que trajiste noticias del Hades
       a este mundo, y de los reinos de Felipe II y
       descubriste
       en los labios de la Infanta Catalina Micaela a quien
           amas, una sonrisa maliciosa puesta en sus ojos de asombro,
comprenderás que un mero gorrión en el Mexuar
puede desencadenar todas las circunvoluciones de lo
imaginario
       que circula por la poesía, que es también, una
memoria
       que se sueña como hacen los pequeños al nacer
            y en cuyo sueño, antes de la palabra, antes de sonreír
como persona humana como decía Aristóteles,
al ingresar al mundo de los terrestres reconoce en las
sombras
       de sus genes, un pre-conocimiento que se hereda de otras generaciones.
A mí estos descubrimientos de la ciencia me fascinan
Alvaro, porque creo que estamos llegando a las
puertas de
       otra ciencia que no sé qué nombre tomará del diccionario,
pero que será reconocida al escucharse en años del
siglo próximo,
       o en otros siglos, como el saltito de tu gorrión que
escapa hacia el jardín, que será la poesía misma.
El otro problema es ¿bajo qué título juntar estos
nuevos poemas? No quiero exagerar sobre los
nombres pero
en verdad, el título es un rótulo un símbolo un signo
       una señal en el camino que debe indicar la dirección del viento
al caminante para que no se extravíe en sus
alucinaciones; es claro,
también existe otra posibilidad o un posible incierto
       de abrir las puertas al campo y dejar al turista
       que él mismo elija su camino; así entre
       la ambigüedad y la certeza ando estos días
           extraviado como el loco de mi pueblo
           corriendo detrás de un coche fúnebre
           como si todo fuera una fiesta
           no solamente de las estructuras
           sino, al mismo tiempo, paralelamente,
              de las invocaciones.
 ______________

Al poeta chileno Enrique Lihn esta musiquilla de las pobres esferas

Enrique, no nos conocimos salvo esa mención tuya a
través de
Kandinsky 1904 que son años anteriores a los nuestros:      
una epifanía del tiempo en este siglo XX cuyo fin no
tendrá
otros versos tuyos sonando como flautas de una
orquesta de cristal
       en la poesía de Chile y de otros países o ciudades      
como Iowa que
       visitamos en distintas fechas,
           esta es la propuesta de tu respiración
       ahora interrumpida
                  incapaz de atravesar los espejos empañados.
En 1929 éramos casi contemporáneos y París estaba lejos
de nuestros nacimientos, nuestros segundos  nacimientos      
       que se dieron en el cuerpo de la poesía
lejos de los cargos universitarios y de la Escuela de
Bellas Artes;
       quizá ninguno pensaba que tendríamos que ponernos los anteojos
       para escribir los textos
       apócrifos y los textos inventados
al correr de la máquina: tú eras Batman y yo Superman.
Entonces los sonetos eran como formas de los endecasílabos que
       sonaban en los oídos de la música
       para hacernos reconocer frente a los oídos sordos de los
       inevitables dictadores latinoamericanos, oprimiendo
       sin duda,
       la constelación de palabras que
       dudábamos pudieran ser escuchadas
           por los compatriotas y los vecinos.
La relación de unas cosas con otras, constituían el
       margen de la
       marginalidad donde vivimos hasta ahora y para
       siempre,
       pero la verdad, Enrique me hubiera gustado conversar
       bajo la sombra de la Alameda
       de los delicados fantasmas que perseguíamos
       cuando sabíamos de la teatralidad del poema
       en las cámaras de tortura o en la fatiga
       del kitsch.
Así pasó tu tiempo para nosotros y así nos vamos
llenando de
       muertes como la tuya.
       Y aquí no  caben los géneros del humor
       cuando los cuerpos flotan a la deriva en un  Ganges
       inmenso de eternidades
       y los poemas siguen siendo
           disparos en la oscuridad contra la muerte.

______________

Poema sin complicaciones o “Verbena nevada”

Me la envió Néstor Groppa desde Jujuy
y está todavía sobre mi escritorio al lado de poetas
del Brasil que quiero mucho;
no habla, no me dirige la palabra
       solamente se hace oír con un extraño
       perfume de incienso
y sin embargo ahora entra en este poema por debajo
de la puerta
como el diario que recojo todas las mañanas
con las noticias del mundo
y que al girar en el espacio infinito
coloca estos titulares para mi asombro:
       "Plantita del noroeste provoca una catástrofe mundial"
       "Una verbena nevada rompe relaciones con países
       comunistas
       y cae el dólar en el mercado internacional"
"Hojas verdes con manchas blancas aprueban el
                                   divorcio en la Argentina"
       "Poeta de Jujuy se comunica con el Chaco mediante
sensacional mensaje inalámbrico
       "La deuda externa se pagará con verbenas en varios
países de América Latina."
Ahora la regaré para que ella al fin me tome de la mano
y cuando comience a hablar o simplemente sonría
  ante mis ojos,
la pondré al lado del filodendro de mi casa: su eternidad
cantará entonces como Orfeo en las tinieblas
seguramente "bailará una naranja",
y la soledad se cubrirá de hojitas nuevas.

 ______________

La llovizna de Raco en Tucumán

Antes de enviarte la carta-poema, ensayo estas atribuladas
       palabras convertidas en un tejido de lloviznas en las tenues
       alturas de Raco, un domingo de éstos que el planeta
           risa tiene de la vida;
un viaje que empezó como todos por el poema y
terminó
voluntariamente al costado de la piscina del invierno
       donde los sapos engendraban silenciosos
sus extraños huevos en cadena
       y estaban en contacto bajo el agua,
quizá porque la flor de los cerezos
       les contagiaba una energía muda,
eficaz para que la temperatura
           del agua, sirviera de
       apoyo al sapo (macho) subido a la sapa (hembra)
en una relación interminable
       como el ladrido del perro. Una siesta tucumana
donde yo soñé con tus poemas y la puerta de la otra dimensión se abrió

una vez más,
el jazmín del amigo muerto que ahora florecerá en la tierra
       de los vivos, de los sapos
       silenciosos, del universo
           que gira entre otras galaxias.
Sólo nos faltó aquel grillo que hacía en tu poesía
       que la pareja dormida fuera
       un trío de enamorados.
Antes de enviarte la carta prometida ensayo este
       lenguaje de signos
       y símbolos y animales
       donde se unen los extraterrestres rusos
       los contaminados del espacio
       los recuerdos de un amor perdido para siempre.

 ______________


Nubes, de Cesáreo Bernaldo de Quirós 

 ______________

Teorías sobre la literatura de ficción

(A Guillermo Samperio en el D. F.)
Aunque la idea no es mía esto no es un plagio en
realidad
porque la poesía no se hace con ideas ni tampoco
tocando el violín
       pero lo cierto es que el año pasado en México Distrito Federal
donde viven los chilangos
conocí a un señor con bigotes (mexicanos) y ceceoso
       que estaba para jubilarse como personaje de algunas novelas o cuentos
       que explicaba muy orondo a la hora del desayuno:
       que él había trabajado en uno de esos relatos
       fantásticos de Praga
       haciendo de cucaracha y que al autor y a él mismo
       "les habla ido
       bastante bien" según decía con orgullo o fingida
       indiferencia;
y que en otra historia habla trabajado de cazador de codornices
       en el bosque
y que la señora dueña de casa lo visitaba en el "cottage"
       con insistencia (desnuda) y se acostaba con él bajo
       la lluvia
       a espaldas de su marido paralítico
       aunque ambos hablaban en inglés.
Ahora trataba de jubilarse decorosamente y exhibía
       esos libros
       como prueba de su situación de revista
como los empleados a sueldo que han cumplido
la edad kafkiana de su retiro más previsible, antes de la muerte.
No le quise arruinar ese orgullo casero
porque lo vi muy viejo y cansado,
       pero a punto estuve de decirle que como poeta yo
       había trabajado
       en el Canto General entre los conquistadores de América, al lado de Neruda.
       O mejor todavía que yo también estaba enterrado
       en el cementerio de Spoon River aunque el marmolero
       se había olvidado de poner mi nombre entre las
       lápidas.

Cosas como esas que a uno se le ocurren como
       conducta en los velorios
       cuando el muerto se ha quedado solitario
       tristemente solo
           entre las flores de la madrugada,
       o en otras reuniones de profesores donde se barajan
       lúcidas teorías científicas sobre la literatura de ficción
o sobre la metamorfosis de los géneros desde Apuleyo o Cervantes
       hasta Milan Kundera.

Los poemas fueron extraídos de aquí.

Ser como el monte. Apuntes sobre Guillermo Saraví.


Por Hernán Hirschfeld y Kevin Jones

Guillermo Saraví nació en Paraná el 11 de agosto de 1899. Durante los primeros años de su vida, por motivos familiares, vivió en Buenos Aires. Volviendo a Paraná en 1905. Aquí desarrolló sus estudios en la Escuela Normal “José María Torres”. De hecho, se sabe que algunas de sus publicaciones juveniles se dieron dentro del contexto de esta escuela. Continúo luego sus estudios en Filosofía y Letras.
Según refiere su hija, el espíritu de Saraví fue “rebelde y heroico”. Conjugó en su vida su trabajo como historiador (y trabajador de archivo) con su oficio de poeta. Tuvo a su cargo el Archivo Histórico de la Provincia.
En 1925 publicó Hierro, Seda y Cristal que reunía sus primeros poemas de entre 1916 y 1925. Le seguirían Numen Montaraz (1928), El supremo entrerriano (1929), Carne de sueño (1930), Selva sonora (1932), La lágrima de plata (1947). En 1941 publicó su estudio histórico El escudo de Entre Ríos. La mayoría de estos textos serían reeditados. A través de ellos, podemos conocer referencias a múltiples textos "en preparación", de cuyo destino no tenemos noticia. En 1999, se publicó en la Colección Homenajes de la Editorial de Entre Ríos su libro Tarde antigua. Y en 2010, esta misma editorial, publica una antología llamada La voz eterna.
Durante su vida desempeñó diferentes funciones públicas y también enseñó en distintos establecimientos educativos. Pueden consultarse datos más específicos sobre su vida en el sitio http://www.guillermosaravi.com.ar/.




Imagines de Saraví
Más allá de lo que el racconto cronológico nos permita ver de la vida de Saraví, recuperar algo de su figura resulta una tarea compleja por la distancia natural. Además de los problemas de archivo que la obra de Saraví presenta. Sus obras editas fueron sometidas a varios cambios a través de las ediciones; ya a su vez cada una estas ediciones abunda en referencias a libros ‘’en preparación’’. Libros de los que no alcanzamos a tener noticia.
Más allá del corpus al que no se tiene acceso, se puede rastrear en las obras editadas en vida de Saraví las fluctuaciones que el mismo autor genera en la construcción de un comienzo. Su obra parece buscar una voz monolítica, cercana al intento épico que sus libros harán desde Numen Montaraz.
A su vez, al tratar de estudiar esta obra nos encontramos con el fuerte contraste entre la imagen que proyecta Saraví mientras está en su época, y la hipotética cartografía supuesta con que siempre se lee una ‘’posible’’ literatura entrerriana nos da de él: ¿Es Saraví un poeta menor?
Responder a tal pregunta implica tratar de reconstruir una imagen y a partir de ella un nombre en esa cartografía.
Un primer aporte lo pueden dar los libros en tanto materialidades. En 1962 se realiza la tercera edición de Hierro, seda y cristal. Se trata del primer poemario de Saraví. A su vez existen varias ediciones de Numen montaraz (1928). Carne de sueño es editado en 1932 por primera vez, y en 1933 por segunda vez. Evidentemente, existía un público lector de Saraví. A tal punto de que en la edición de 1962 ya mencionada, se proyecta la edición de las obras completas de Saraví bajo una comisión editora de sus obras.
En la edición de 1962 encontramos también una participación activa de la voz del autor, podríamos afirmar hasta ahora que es la primera vez que Saraví decide interrumpir la ‘’voz poética’’, lo hace una forma breve (la nota se titula ‘’Dos palabras’’), que afirma aún más la procedencia ‘’poética’’ de su voz. Dos prólogos, de Pedro E. Martínez y Juan José de Soiza Reilly  en Selva sonora (1932) y Hierro, seda y cristal (1925) colaboran para ubicar la voz de Saraví en otro orden de cosas. ‘’He aquí un poeta’’ comienza uno de ellos. En este sentido, la figura de poeta que se crea no puede separarse de estos usos de la voz, donde el Canto comienza a connotar rasgos incluso sagrados.
Su obra es comúnmente dividida por la crítica en dos períodos. Hay coincidencia en ubicar a Hierro, seda y cristal en un primer momento y considerar Numen montaraz como una ‘’drástica variante’’ (Pedrazoli; 1979:235). Allí Longo también ve en retorno a la tierra y el desarrollo épico de su obra (Longo 1986:49-51). Estas divisiones de la obra de Saraví son entendidas a veces como evolución –así lo entiende Grosso- u otras como mero cambio. 
Para la estilística, esto vuelve a Saraví un caso particular. Sin embargo, queda pendiente aún estudiar esos cambios en otros términos teóricos: ¿Cómo se ubica Saraví respecto a una posible tradición? ¿Esta tradición puede ser entendida por fuera de la obra de Saraví? ¿O es interna a ella? Resultaría interesante así ver cómo opera la tradición en Saraví, y cómo su obra funda, en cierta medida, una tradición. O al menos legítima una selección del pasado, sobre la cual construye su poética. 
Otras pistas pueden encontrarse en el lugar dado a esta obra en las antologías que tratan de dar cuenta de una ‘’literatura entrerriana’’. Tomemos dos casos: Poemática entrerriana contemporánea de Sadi Grosso (1938) y Entre Ríos cantada de Luis Alberto Ruíz (1955). La inclusión de Saraví en la primera de estas ya es de notar. Ya que la antología consta de unos once poetas (entre ellos los más canónicos). Dice en ella Grosso sobre Saraví: ‘’Fue especialmente famoso en su provincia’’. Marca a su vez la fidelidad a un estilo de ritmo. Sobre el tema de la forma también vuelve Pedrazoli al escribir la entrada sobre Saraví en la Enciclopedia de Entre Ríos. Señala la vigencia de su voz y el consenso en el valor de la obra de Saraví.
Ruiz, por su parte, señala la acostumbrada división en la obra de Saraví y vuelve sobre el sentido de lo nuestro en él:


"Poesía evocadora y sugestiva, poesía que historia y canta el sufrimiento y la gloria de un pueblo por la libertad. Allí están las dianas que llamaban al heroísmo y que enardecían el ánimo, o las guitarras que lo endulzaban al regreso, y la larga lanza que estuvo cuarenta años sin enmohecerse; el solar nativo colmado de leyenda, y de misterio; el canto de amor de las mujeres montieleras y al tope, la recia lanza de tacuara, prolongación vibrante del coraje que se bebe quizá en el agua de nuestros ríos, en el aire, en la piedra y en los árboles nativos."(1955:61-62)

Así, Ruiz, confiere un vínculo entre región y texto. Sin embargo, esta relación es descripta como lineal, y referencial. La referencialidad adjudicada a la poética de Saraví, oculta de cierta manera el trabajo del texto, su hacer. El texto pasa a ser "prolongación vibrante" de elementos que se hayan en el cuerpo anímico de la provincia -el aire, la piedra, los árboles, el río. Podemos, con la distancia tomada del momento en que esta antología pionera se realiza, pensar más allá de ello. Y preguntarnos por las formas en que esta poética crea ese cuerpo anímico.
Estas imágenes más o menos construidas por la crítica y las formas de edición, pueden ser (re)pensados desde la obra. Quedándonos con el texto, quizá la imagen más fiel que podemos construir de Saraví sea la que tratar de leer sus libros nos deparen en el presente.
Sobre la base de nuestras lecturas, ¿dónde ubicar a Guillermo Saraví?
Conociendo los límites y los riesgos de hablar sobre la poética de Saraví como proyecto fundacional de una lengua poética, encontramos de forma directa e indirecta muchas reminiscencias  a otras tradiciones literarias. Todas ellas pertenecen en gran medida al romanticismo del siglo XIX, donde hayamos autores del tipo de Arthur Rimbaud, Edgar Allan Poe, Johan Wolfgang von Goethe, entre otros.
Aparte de coincidir con signos y formas de escritura de esta tradición literaria, hayamos a su vez una fuerte necesidad de fundar un sistema de signos propio. Desde Hierro, seda y cristal con un conciso -y hasta podemos decir violento- prólogo sobre la figura del poeta como ave, hasta Numen Montaraz, en donde los zorzales adquieren una fuerza semántica que se verá desplegada en una serie de textos, se seleccionan signos que podríamos agrupar bajo "lo entrerriano" que el texto desarrolla.
A su vez, Saraví escribe dentro de un borde entre lo neoromántico y los avances del modernismo. Alejado, sí, de los auges de vanguardia que había en aquel entonces. Dentro de la provincia, no duda en filiarse a figuras como la de Daniel Elías, Martiniano Leguizámon y Andrés Chabrillón.
Podemos quedarnos con un Saraví lector. Pero de esos lectores audaces, cuya forma de leer ciertas tradiciones crea una imagen de estas, que a su vez se despliega en toda la obra -que siempre está comenzando-, y desde allí significa. Este lector y constructor que terminó siendo Saraví, nos lo devuelve en su esencia, la de un trabajador del lenguaje.



Lo montaraz en Saraví. Aproximaciones en torno a una palabra.[1]

""Montaraces" llamamos a esos indios, en cierta medida porque han perdido toda identidad que no sea la del repliegue. Al mismo tiempo sustantivo y adjetivo, montaraz incluye dentro de una misma especie -como el monte incluye, o mejor dicho alberga, pueblos venidos de geografías y culturas disímiles-, a esta confusión de tribus, razas y lenguas (...)"
Sergio Delgado, Estela en el monte

Este epígrafe de Delgado, nos permite comenzar por la complejidad que implica pensar una palabra como montaraz. Y más allá de ella misma, las implicancias que tiene dentro de esta poética. Entre sustantivo y adjetivo, montaraz reclama para el monte toda la identidad de un colectivo que, de repente, se haya nombrado.
Longo (1986:50-51) señala que el período de publicaciones  de Saraví entre 1928 y 1932 corresponde a un regreso a “la tierra” que se da por medio de la épica. Aunque cuestionable, la visión de Longo adelanta un posible recorte crítico de la obra del autor. Podemos entonces señalar un momento fuertemente épico en su corpus.
A este período corresponderían Numen Montaraz (1928), El supremo entrerriano (1929) y Selva sonora (1932).
El primero de estos textos recibe su título del poema inaugural. Se dice allí: "Solar de los matreros / que tienes en el alma / un andrajo de poncho / una astilla de lanza (...)". La voz se autoriza a hablar en el gesto de hablarle a ese "solar de los matreros".
La referencia al numen del título lo relaciona con la lírica griega, y está en el centro de los problemas de una voz. El término, que puede ser rastreado en Hesíodo, señala la existencia de un mediador entre una palabra humana y otra divina. La presencia de este elemento que media, provoca una problematización de la voz dentro del libro. La voz no es propiedad del poeta, sino que es dicha a través del poeta. Esta figura será reforzada con otras imágenes dentro del poemario. Por ejemplo, en El zorzal, además del motivo de la metáfora –que es de recurrencia en otros textos de Saraví y otros poetas-, podemos leer como el canto proviene de un pájaro “en su venturosa prisión”. Pájaro que, además, “hizo nido en mi alma” según se relata.
Sin embargo, a este hacer nido en su alma, le sigue una condición: “porque era como el monte”. En este ser como el monte, se resuelve parte de lo que se dice al enunciar la existencia de un numen montaraz.
Quizás, no podamos captar la profundidad de este planteo. Ya Daniel Elías había hablado de la necesidad de escribir “la Ilíada nuestra”, y había iniciado lo que puede ser entendido como un proyecto de lengua literaria. Una lengua que sería montaraz. Por otra parte, Martiniano Leguizamón había publicado ya su libro Montaraz en 1900, donde se proponía inventariar "costumbres argentinas".
La existencia de este intermediador montaraz presupone una palabra divina que proviene del monte, y se instala en almas que son como el monte. En este juego, el paisaje, de hecho, además de adjetivar, condiciona y delimita al sujeto. Y en este caso, al poema. Comienza aquí, ya, una noción de paisaje que sabemos tendrá su largo derrotero durante el SXX en lo escrito dentro de esta provincia.
Además, el texto nos provoca como lectores un envío hacia El supremo entrerriano. Libro publicado en 1929 que puede ser entendido como la culminación de un proyecto poético: Crear una épica provincial. Allí en el Canto I, A la musa, se pide el permiso de decir al numen montaraz. Evidentemente, en esta economía de voces, la voz poética queda del lado del monte. Personalizado ahora en algo que, más que un sujeto, es un espacio de tránsito de voces, un numen. Esta concepción tiene ecos en Selva sonora.
La suposición de que el monte dice cosas es entonces lo que da nombre al libro y al poema que nos proponemos analizar.
Habría, según el poema, una oposición entre las “gentes nuevas” y “los que llevamos en la sangre/ los huraños motivos de la raza”. De este último lado queda el poeta. Ya que, el zorzal aún canta, se nos señala. Se nota aquí que la voluntad queda relegada a un segundo plano: se trata ante todo de lo que se lleva en la sangre, y del canto continúo de algo externo. Se refuerza así el motivo de la raza. A esta raza la musa, de vincha colorada –y por tanto federal- le está hablando. Se trata además de “viejas cosas” y recuerdos de una “edad pasada”. Motivo por el cual el poema oscila con el testimonio. Una épica que trata de testimoniar un canto que es a la vez quejumbroso y aliviador. Como si en esa queja, aunque dolorosa, se resolviera una angustia mayor.
De esta forma, comienza el poema su maquinaria significante: “en la agonía de la selva canta”. 
Existe por lo tanto un recuerdo que se hace presente, y opera sobre el presente. Para esto, en la segunda parte del poema, se recurre a las  cenizas: “Como hay ceniza de héroes / en los terrones de las sendas ásperas, / brotan a veces sobre la llanura / pequeñas margaritas encarnadas.” Éstas, además de ser un motivo épico, pasan a significar en distintos planos para el poema. En un avance modernista, el término se vuelve polisémico. Por un lado, mantiene el tono épico que el poema se ha dado para sí, pero a su vez, marca la acción del pasado –a través de marcas tangibles, como la ceniza de los héroes- como una condición por la cual algo sucede en el presente. ¿Esas margaritas encarnadas son el poema? Si adherimos a una hipótesis tal podremos entender que la belleza del poema conlleva un cierto dolor, en tanto que flor encarnada. A su vez, la ceniza implica un cuerpo ausente, extinto. Cuerpo que además –en tanto que incinerado- no puede volver a ser. Lo cual refuerza el pasado heroico como pasado. Del mismo modo, la incineración del cuerpo implica un campo semántico más: el del fuego. Este fuego, como guerra, supone un pasado revulsivo, incendiado.
El pasado en el presente, cual fantasma: “y por el campo azul de las visiones / pasa Jordán con las falanges blancas”.
“Campo azul de las visiones”. ¿Por qué campo? Hay una necesidad de re-territorializar al poema. ¿Dónde se suceden estas cenizas si el presente no es lo que el pasado fue? ¿Puede tener algo de heroico el poema sin un territorio sobre el cuál la batalla tiene lugar? Este campo de las visiones es el esfuerzo del poema por crear un territorio que, más que empírico, es imaginario, lingüístico.
 De hecho, la recurrencia a las figuras del canto que aún prosigue marcan esto: Cantos que la “patria chica guardará por siempre / en el fondo de su alma”. Territorios que el poema quiere, trata e intenta salvar.  Y a los que asocia, en un envío a lo bucólico, con la semilla que –al fin y al cabo- en tanto que metáfora son las cenizas.
Lo montaraz, parece resolverse como una condición de ser que por momentos deja de adjetivar, para, directamente, nombrar. Territorio e identidad se confunden en lo que llamamos "montaraz", y ese, tal vez, sea uno de los mayores trabajos del poema.


Bibliografía:
La Bibliografía que aquí se señala puede ser consultada en la Biblioteca Provincial de Entre Ríos:

-Longo, Iris Estela (1986); Voces de Entre Ríos. 1ª edición. Editorial Colmegna. Santa Fe.

-Pedrazzolli, Julio C. (1979) "Guillermo Saraví" en Enciclopedia de Entre Ríos. tomo IV. Arozena ediciones. Paraná.

-Ruiz, Luis Alberto (1955);"Guillermo Saraví" en Entre Ríos cantada. 1ª edición. Ediciones Antonio Zamora. Buenos Aires.

-Sadí Grosso, Luis [1958] (1992); Poemática entrerriana contemporanea en  Obra completa. 1ª edición. MC Ediciones. Paraná. pp 109-158

-Saraví, Guillermo [1925] (1962); Hierro, Seda y Cristal. 3ª edición. Comisión Editora de las obras de Guillermo Saraví. Paraná.
                               [1928]; Numen Montaraz. 1ª edición. Imprenta López. Buenos Aires.
                               [1930] (1933); Carne de sueño. 2ª edición. Casa editora de Ricardo A. Pedrassi. Paraná.
                                [1932]; Selva Sonora. 1ª edición. Casa editora Ricardo A. Pedrassi. Paraná.






[1] Esta parte del texto gira en torno al poema Númen Montaraz. Recomendamos su lectura. Puede ser consultado online, aquí: http://literaturaentrerriana.blogspot.com.ar/2013/04/numen-montaraz-guillermo-saravi.html