sábado, 8 de junio de 2013

Tres poemas / Andrés Chabrillon

De Oro pálido (1923)

Lado a Lado (1914-1916)

Tarde de seda

I
La tarde suave
Como una pluma…
¡La tarde no habla
Pero perfuma!
La tarde calla
Su despedida,
Pero en silencio
Mece la vida.

Con su dulzura
De fin del día,
Es la serena
Sabiduría.
Con su tocado:
Oro, azul, lila,
Es la belleza
Rara y tranquila.

II
Junto a tí paso
De amor la vida
Como una tarde
Lenta y dormida.
Mi amor callado
Su flor consume…
Te dice todo
Con el perfume.
Finge mi raro
Verso de amor
Su panorama
Multicolor…

III
Deja que te ame
Con alma queda,
Como una fina
Tarde de seda.
Deja que pase
Calladamente,
Como un silencio
Sobre tu frente.
Déjate ir,
Como dormida,
Sobre mi sueño….
Sobre mi vida….
Bajo la tarde
Que fluye al mar
De oro y violeta
Crepuscular…



La mirada dormida

Miras la mirada larga
Como perdida y sin objeto
Como esparciéndose en un más allá,
Bajo un tul fino de tristeza
Y en un silencio pensativo,
¡ Tan finamente pensativo y triste
Como tu propio afán !
Ves la vida recóndita
Que se mece en la calma de mis ojos,
Que se vela en un fino tul de lágrimas,
De ensueño y de serenidad…
Preguntas con silencio elocuente
Adónde va el ensueño
De mis pobres pupilas estancadas
Y en éxtasis,
¡ Adónde va la interrogante larga
De la meditación y de pesar !

Mis ojos miran hacia adentro,
Bajan al fondo de la vida interior.
Imperturbablemente
Están como estancadas linfas claras
Velando la meditación.
Indiferentemente
Recogen esta luz de los crepúsculos
Profanos,
La claridad tornasolante
De la vida exterior…
Con el suave silencio
Con que difunde su alma la flor,
Para no perturbar la obra profunda
Se han dormido los ojos
Y hacia adentro ha bajado la atención….
¡ Para hallar perlas puras,
En el amargo piélago
De la vida mecida y combatida,
Serenidad es lo mejor:
Una serenidad de vida oceánica
Transparenta el enigma,
Llora su perla bondadosa
Y endulza el húmedo corazón !

Miro hacia el fondo
De mi pálido ayer.
Bajo por la raíz larga del tiempo
Y de la vida,
Por el camino pálido
De mi desordenada adolescencia,
Y miro el fruto de mis años
Equitativo y fiel…
Lloro con este fino tul de lágrimas
Y de silencio ;
Lloro con mi virtud perseverante
La fuerza de ilusión dilapidada,
¡ El tornadizo y oscilante
Venir, pensar y florecer !
Contemplo el daño irreparable
De las horas perdidas
Que se van sin dejar huella en el alma,
Ni de mal ni de bien…
Veo venir la Muerte,
La Ineluctable, cada vez más próxima,
Como una fría insinuación de invierno :
¡Y redondeo en síntesis mi vida,
La imagino, la evoco,
Para crear esperanza.
De que es posible el porvenir soñado,
Y alimentar la vocación enérgica
De la virtud y el laurel !

En el suave silencio,
Tras los ojos profundos,
Trabaja un vasto sueño de justicia,
De belleza y verdad….
El alma se contempla en el camino
Del tiempo ;
El alma se escudriña en el presente
A sí propia
Con despiadada serenidad.
Trabaja el noble espíritu
Con vibrante conciencia
Por definir su bien y mal.
Nada circunstancial turba el juicioso
Repliegue de la vida entre sí propia:
Bajo la sombra de los ojos pálidos
Arde como una estrella
El alma de los versos,
La belleza inmortal.
Bajo el quieto silencio de los ojos,
Una aptitud serena de justicia
Pesa el tiempo y la obra,
Clasifica los sueños,
Elige el ramo de las flores puras,
Alza una voz de posteridad.
Bajo la vaguedad de las pupilas
(Que semejan remansos de la muerte)
Hay un hondo optimismo,
Un amor a la vida, inmarcesible;
La seda pálida,
La sombra lírica,
La triste lágrima,
Son como los suspiros de la fuerza,
Caracterizan mi virilidad…

Mariposa
Con dos alas inmóviles abiertas
Son los ojos ;
Dos alas de silencio
Sobre una flore de meditación…
Perfuma el suave pensamiento
Bajo la inmóvil mariposa
De los ojos abiertos y dormidos….
¡Bajo las alas de silencio
Palpita el alma en flor!
Bajo el silencio pensativo
De la celeste mariposa pálida
Inciensa su perfume más recóndito
La primavera de tu amor ;
¡Canta con su cuidado más secreto
Tu bondadoso corazón !
Y la mirada larga
Que penetra las horas y los días,
Te busca por la vida del recuerdo
Para verte mejor ;
Te sueña en el futuro de los sueños
Siempre inmutable: lado a lado
De mi destino y mi pasión.

Deja dormir los ojos
Y la mirada suspendida
Como en un vago más allá,
Bajo un tul fino de tristeza
Y en un silencio pensativo,
¡Tan finamente pensativo y triste
Como tu propio afán ¡
Deja flotar la vida
Que se mece en la calma de mis ojos,
Que se vela en un fino tul de lágrimas,
De ensueño y de serenidad…
Contempla con silencio elocuente
Adónde va el ensueño
De mis pobres pupilas estancadas
Y en éxtasis,
Adónde va la interrogante larga
De la meditación y del pesar….
Tu alma vive en el fondo de mis ojos ;
Florece en la hora grave
Del pensamiento,
Canta en la sombra suave
De la pudibunda idealidad,
¡ Bajo de la mirada adormecida
En el ensueño y en el más alá !

De Desnudez (1931)

El lirio
“Y por vestidos ¿por qué os acongojáis?
Reparad los lirios del campo, cómo crecen;
no trabaja ni hilan; mas os digo que ni aun
Salomón con toda su gloria fue vestido así
como uno de ellos”.
(El Evangelio, San Mateo, cap. 6º, v. 28 y 29)

I

¡Oh lirio, ni hilas ni trabajas
Y estás mejor vestido que Salomón!
Sólo cubierto de tí mismo,
Como te vió en el campo el Anunciador,
Yergues tu aromada delicadeza:
Terciopelo, confianza y amor.

Eres tan sólo un lirio y te han llamado
Príncipe, por tu innata distinción;
Y a pesar de tus blancos silencios
Hablas con nuestro lirio interior.

A orillas del camino
Por donde va el humano dolor,
            ¡Oh lirio! Todo abierto
Sin otra égida que tu blancor
Al igual que los niños y las vírgenes;
            Sin otra protección
Que tu dulzura trémula de lirio,
Puñadito de blanca sugestión:
            Los nobles sentimientos
Te han defendido como espadas ; la divina emoción
Que dan las cosas frágiles y bellas
            Fue tu escudo mejor.
¡Fortaleza de gracia tiene el dulce cautivo
            Conquistador!



II
            ¡Oh campos de mi vida,
Tierras de la parábola y de la flor !
Alta es la gloria del alma desnuda,
Traje de lirio tiene su canción.

Como en la fresca infancia de pies rosados,
Como en la adolescencia del señor Amor,
Hoy se entrega al mundo volcándose fuera
En versos vestidos de su propio yo.

Nuestra vida concentra en secreto
Hondas florescencias que buscan el sol;
De fuera las llaman, las miman, las urgen,
Y un día se vuelcan hacia el exterior…
¡ El verso es la vida desnuda en belleza
La flor de la vida interior !

III

Yo sé lo que pasa en mi alma
Cuando está bullente con la inspiración:
Una fila de trémulos lirios
Se pone lo mismo, bajo el lindo sol ;
Doradas abejas entre los naranjos
Producen el mismo rumor ;
El alma extasiada se parte en corolas
Cual si fuera un jardín de emoción….

Viene así la anhelada, anhelante,
            Divina canción ;
Lleva traje de seda del alma,
Desnudez de verdad y de amor ;
¡Se viste de su propia, secreta primavera,
Como el lirio del campo que Jesús ponderó !


Los poemas tomados de Desnudez pertenecen a su reedición en Si pensaras la rosa… (1954) Editorial Nueva Impresora – Paraná, 1954.
Los poemas tomados de Oro pálido pertenecen a su reedición en La cigarra (1955) Editorial Nueva Impresora – Paraná, 1955

En "El agua y la noche (1924-1932) / Juan L. Ortiz

en El agua y la noche (1924-1932) Editorial de Entre Ríos. Colección Homenajes. Paraná, 1993.


Mi voz es opaca y sin brillo y vale poca cosa
para reforzar un coro. Sin embargo me sirve muy
bien para rezar yo solo bajo el cielo azul.-
                                                           León Felipe

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Mirado anochecer

Tras la lejanía de las quintas ya obscuras
el sol es ahora sólo un recuerdo rosado.

Dos vacas melancólicas parece que viniesen
del ocaso con toda su morosa nostalgia.

Y por oriente otras, blancas, con recentales
en la luz ideal que casi las azula.

Balidos. Las chicharras cantan. – Aunque tú eres,
me hubiera yo quedado un rato más aquí.
                                                                       (1924)

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 Señor….
He sido, tal vez, una rama de árbol,
una sombra de pájaro,
el reflejo de un río…

Señor
esta mañana tengo
los párpados frescos como hojas,
las pupilas tan limpias como de agua,
un cristal en la voz como de pájaro,
la piel toda mojada de rocío,
y en las venas,
en vez de sangre,
una dulce corriente vegetal.

Señor,
esta mañana tengo
los párpados iguales que hojas nuevas,
y temblorosa de oros,
abierta y pura como el cielo el alma.
  
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("Ideas...a mí", Silvia Lissa)
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Entre Ríos

Es tan clara tu luz como una inocencia
toda temblorosa y azul.
Tu cielo está limpio de humo de chimeneas
curvado en una alta
paz de agua suspensa.
Y tus ciudades blancas, modestas, casi tímidas,
ríen su aseo rutilante entre las arboledas.
No hay en tu tierra gracias sorprendentes de líneas,
-apenas si una suave melodía de curvas-
pero tiene ella un
encanto de mujer, de sencilla, de agreste
belleza,
vestida de un silencio verde y feliz de campo,
toda húmeda de una alegría de arroyos,
con una cabellera densa de árboles libres.

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Siesta

Tendido a la sombra de
un árbol, yo soy un niño
dormido en medio del campo.
La tierra parece que
tiene suavidad de falda.
El cielo puro de agua
da con su vaga corriente
unas espumas de nubes
y sobre el cielo, el follaje
un traslúcido bordado
hace y deshace, indeciso,
reduciendo el lujo etéreo
a un temblor de monedas
que me enriquecen la sombra.
El viento entra en el sueño
como una música que
trae el anhelo del campo,
ya extático o vagabundo,
soñando con sus secretos,
o tendido al horizonte.
El viento dice el ensueño
de esta paz verde y fluída
bajo su respiración.
Tendido a la sombra de
un árbol, yo soy un niño
dormido en medio del campo.
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Pesada luz

Mi hijo se duerme aquí,
a mi lado, sobre el pasto.
Y entró en el sueño entre un
lujo agreste de juguetes:
la danza de los reflejos
encendiendo y apagando
un temblor de pececillos
en el agua azul del cielo
de donde surte un ruido
fino y roto de alegría
destrozada no sé dónde…
quizá en su misma pureza.

Entró en el sueño mi hijo
entre una magia de flores
que los suspiros de los
ángeles hacen temblar
y llevan de un lado a otro
como en deshojamiento
de la gran rosa del día
dormida sobre los campos…

Entró en el sueño mi hijo
jugando con unos frescos
animalillos que le
buscaban las manecitas,
y unos dedos vagos que
le acariciaban la cara
con una suavidad tanta
que parecían morirse
al tocarle las mejillas.

Entró en el sueño mi hijo
mirando el denso follaje,
oyendo cantar los pájaros,
rodeado de mariposas,
acariciados por los
tallos altos y sutiles,
con una brisa ya medio
dormida sobre los párpados.


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Dios se desnuda en la lluvia...

Dios se desnuda en la lluvia
como una caricia
innumerable.
Cantan los pájaros entre la lluvia.
Las plantas bailan de alegría mojada.

La tierra
como una hembra
se disuelve en los dedos penetrantes
con una palidez de mil ojos desmayados.

Camino bajo la lluvia, todo mojado, cantando,
hacia mirajes que huyen en un rumoroso sueño.

Lluvia, lluvia!
Desnudez del dios
primaveral,
que baja danzando, danzando,
a fecundar la amada
toda abierta de espera, quebrada ya de ardor
amarillo y largo.


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Tarde

 El mundo es un pensamiento
realizado de la luz.
Un pensamiento dichoso.
De la beatitud, el mundo
ha brotado. Ha salido
del éxtasis, de la dicha,
llenos de si, esta tarde,
infinita, infinita,
con árboles y con pájaros
de infancia ¿de qué infancia?
¿de qué sueño de infancia?


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Lluvia

Todo el día mi alma hoy estará suspensa
de la voz del agua,
como en un sueño
mojado.

La voz del agua
dulcemente cierra el mundo!
¡La voz del agua!

Todo el día seré un niño
que se está durmiendo.

La vida será sólo
una voz querida.